jueves, 19 de diciembre de 2013

No es lo que haces sino cómo lo haces. El desarrollo de nuestro camino en la vida.


La impecabilidad en el camino descansa en los cómo y en la simpleza que resulta de realmente observar los pasos.


Dios está en los detalles”.

Ludwig Mies Van Der Rohe


Vivimos con la sensación de que siempre hay que ir a alguna parte, que hay algo tenemos que conseguir. Andamos en automático y a velocidades alarmantes. La vida se vuelve una entidad que nos sucede a la cual simplemente reaccionamos –cual virus.


El hombre es perfecto y nada le falta, pero esta idea duerme en el centro de él.
No se da cuenta de ello pues está preso en la maraña de sus representaciones mentales.
Todo ocurre como si entre el hombre y la realidad, su actividad imaginativa hubiera tejido una pantalla

Enseñanza Zen


Todo sucede y todo pasa mientras nosotros intentamos resolver los grandes porqués de la vida. Nos olvidamos de vivir y escogemos ignorar el hecho de que somos Magos –el cambio siempre está en uno. Buda lo dijo hace miles de años: “El mundo exterior es únicamente una manifestación de la mente en si misma. La mente lo capta como un mundo exterior simplemente por su costumbre de seleccionar y de razonar falsamente. El discípulo debe hacerse el habito de observar la verdadera esencia de las cosas.”

No hay afuera o adentro, bien o mal, tu y/o yo –todas entidades creadas por un sistema dualista de pensamiento. Existen todas las gamas entre uno y otro, infinitas manifestaciones del Uno que todo lo engloba – la interpretación es mente. “La falsa imaginación te enseña que cosas tales como la luz y la sombra, el largo y el alto, lo blanco y lo negro son diferentes y tienen que ser discriminadas; pero ellas no son independientes una de la otra; ellas son aspectos diferentes de la misma cosa, ellos son conceptos de relación, no la realidad.”

Observemos pues.

Queda abandonar todo silogismo y reconocernos como una paradoja más en esto que llamamos vida -la experiencia personal como contrapunto de la lógica. El universo como gran Koan: “Todas las cosas vuelven al Uno, pero, ¿adónde vuelve el Uno?”

Por medio de la observación nace la comprensión de la propia naturaleza, se destruyen las barreras de la mente cartesiana, se derrumban todas las estructuras.


“El (hombre) es el que medita
él es la meditación
él es la cosa sobre la que se medita.
El que conoce y lo conocido, son uno.”

Enseñanza Zen


Sujeto y objeto se suprimen, no existe dualidad que encadene. Todo nace, deviene y muere al mismo tiempo. En la pausa contemplativa nos damos el tiempo/espacio de aceptar las cosas tal cual son –lo que es, lo que sentimos y lo que somos como suma de todo eso–, y así entramos en contacto con lo más intimo del Ser.

“La vida, según el Zen, debe de ser vivida
como un pájaro que vuela por el aire
o un pez que nada en el agua”

DT Suzuki.


Cuando se tiene hambre se come, cuando se está cansado se duerme, cuando se desea algo se manifiesta. Todo impulso produce un eco que se traduce en acción. La clave es estar presentes, en todo momento, conscientes de todo lo que puede y significa cada acción, de todo lo que lleva a ella y todo lo que de ella deviene. La realización perfecta no se da en otra vida, se da “Aquí y Ahora”, y cuentan que esta se materializa cuando se alcanza el Satori –ese momento en que descubres que sólo existe el presente, que ahí se crean y se disuelven en un mismo instante el pasado y el futuro.

La vida como sucesión de hechos que existen todos al mismo tiempo, como manifestación del Uno que lo engloba Todo y es Nada. “Aquí y Ahora”, no hay más ni menos. Cada acción tiene su impacto, y el otro no es otro. No queda más que perder todo miedo a lo que podría ser porqué ya es –sólo en los principios podemos dejar el sello de la intención.

De ahí la importancia de ser impecable con uno mismo ante todo y nada.


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